Los barcos de las costas de mi infancia son protagonistas de míticas historias de naufragios. En el mundo de lo hundido, de lo que ya no intenta ser, el metal, la madera y la máquina que perdió la batalla, adquieren una belleza sin propósito, oculta. Abandonada la función, los sostiene la mera permanencia, el devenir silencioso. Mutan lentamente alimentados por la sal, y se dejan ver, solo, cuando baja la marea.
NAUFRAGIOS II, Broche
Plata 950, madera de Jacarandá violeta.






